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PORORÓ

Publicado por Minuto Deportivo el 12/12/2019 en RUGBY


Con su estilo retro cautiva en cada paso que da. “Te juego por la coca o págame la coca”, son algunos de los antiguos términos que hoy sigue repitiendo.

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Por Ignacio Arámburu

Con su estilo retro cautiva en cada paso que da. “Te juego por la coca o págame la coca”, son algunos de los antiguos términos que hoy sigue repitiendo.
 En Regatas es toda una institución, querido, respetado y valorado. En la Fusión se desempeñó este año como entrenador de la M16 y dejó su huella. Tanto que los chicos están felices de que en 2020 volverán a disfrutarlo en la M17.
Germán Eseverri es simplemente Pororó, hombre más vintage que moderno. Tiene 59 años y aún hoy se destaca como deportista. El paso del tiempo no pudo oxidar su destreza. Lo hizo en el rugby, pero también es un exquisito jugador de tenis capaz de brillar con raquetas y vestimentas de la época de su ídolo Guillermo Vilas. En el pádel fue pionero del boom y en 1985 obtuvo el Plumi y el torneo Copa El Gráfico. Hasta se dio el lujo de salir en esa recordada revista, que por entonces era la biblia del deporte. También transpiró como remero.
La ovalada lo tuvo como wing. No era rápido, pero jamás faltaba a un entrenamiento o partido. Enorme compañero, siempre dispuesto a darlo todo por el de al lado. Como en la vida. Comenzó a jugar de grande, con 29 años y lo hizo hasta los 43, en Reserva. Entraba a la cancha con tornillos y dos plaquitas. Si lo golpeaban ahí, le dolía mucho. Estoico, se la bancaba igual con dos tornillos puestos. En la Isla arrancaba a las 7 de la mañana y trabajaba hasta las 15. Cruzaba, almorzaba algo, se metía en el gimnasio y luego volvía al paraíso rugbier de enfrente para entrenarse con la Primera y Reserva hasta las 23, dirigido por Carlos Bonaldi (“Un gran viejo”, lo define Germán) y compartiendo equipo con Matías Agüero, Alejo Urteaga, Lucas Gallardo, Daniel Luciano, Ariel Merayo, Patito Gómez, etc. Los sábados comían juntos y los domingos jugaban. Actualmente, Pororó transmite su pasión y sabiduría a los más chicos con una pedagogía ejemplar. Firme, respetuoso, empático. En el 2001 fue campeón de los Torneos Bonaerenses con los chicos de Regatas. Todos hablan de él. Estamos ante una de las notas más largas por la cantidad y calidad de los testimonios que lo definen.
Desde Francia, donde entrena a los Juveniles y se encarga del scrum en la Primera del Pro Vence de la Segunda, Matías Agüero asegura que “Pororó es la persona más importante del rugby de Regatas. Me enseñó todos los valores más importantes del rugby. Es uno de los entrenadores más importantes en mi carrera. Tiene la excelente capacidad de transformar una situación completamente mala en terminar todos tirados en el piso llorando de la risa. Y creo que encontrar personas así de positivas que te hagan vivir de una manera tan sencilla un deporte como el nuestro que es completamente de combate, que te vivís peleando por una pelota, por un ruck, por un metro… Es ahí cuando empiezan los golpes y no a todo el mundo le gusta eso, pero Poro te hace disfrutarlo de otra manera. Cuando yo era chico estaba entre básquet, remo, fútbol (obviamente era malo a todo, jaja), y me terminé decidiendo por el rugby porque me encantaba ir a cagarme de risa con Pororó. Campamentos, comilonas, tortas fritas… ‘Gordo, venite que vamos a la Isla’, me decía. Íbamos sin un mango a comprar carne. ‘Dame $5 de falda y $2 de pan y salíamos felices. Regábamos las canchas. Todas esas cosas son factores importantísimos a transmitir que no sólo sirven para el rugby, sino para todo. Todo el mundo te dice buenas palabras sobre él. Lo quiero mucho. Cada vez que volvía a San Nicolás, le decía: ‘Rengo tengo que entrenarme’. Me llevaba a jugar al squash, me cagaba a palo y me hacía entrenar. A los 15 años no teníamos ropa para entrenar y Poro juntaba toda la ropa de la Primera para que todos tuviéramos botines, medias y pantalones para jugar. Cada vez que estuve en la cancha en momentos difíciles donde sentía mucha presión, partidos internacionales, duelos en los Seis Naciones, me acordaba de las historias con Poro, de aquellos momentos cuando escuchábamos folklore, comíamos un asado. Recordaba los principios y eso me hacía salir adelante”, relata al borde de la emoción.
Matías Dueñas así lo rememora: “Poro nos ponía AC/DC para entrenar el scrum. Traía un grabador viejo y lo enchufaba en la columna de iluminación de la cancha. Así que entrenábamos al palo con AC/DC. Ubicaba la amansadora contra un árbol y con la música, nos motivaba para empujarla con todo. Y después de entrenar, si entrenábamos mucho, nos preparaba tortas fritas con dulce de leche. Eso era para Matías Agüero, yo las comía sin dulce de leche. Muy buena persona”.
Pororó recuerda con nitidez aquellos tiempos. “5 de falda y 2 de pan. Comíamos eso porque no teníamos para más. Ese era el asado nuestro todos los días conmigo en la Isla. Sus padres se habían separado y yo hacía de papá y entrenador. Lo mismo con Marías Dueñas. Recuerdo el chinchón por las tardes con la abuela de Agüero, una genia. Y entrenábamos duro todos los días hasta sábados y domingos juntos. Si habremos hecho campamentos en la Isla en vacaciones de invierno. 15 días y ellos se quedaban cinco días más. Los padres no entendían nada. Con Alejo Urteaga y Rafa Maiztegui, se levantaban y les hacíamos la leche con facturas recalentadas. Partían a las 7, los cruzaba Azorín para que vayan a la Escuela Normal y a las 13 los esperábamos con el guiso y el mate para almorzar”.
Junto con Roberto Costa trabajan en Regatas desde que el rugby llegó al club hace 25 años: “Germán Tiene talento para hacer varios deportes y destacarse. En el rugby comenzamos a vincularnos en 1994 cuando empezamos con los Infantiles a entrenar a chicos menores de 14 años hasta menores de 8. El arrancó con la M14, estuvo en otras categorías Infantiles y mechando con los Juveniles. Siempre tuvo muy buena vinculación con los chicos a los que entrenaba y hoy esos jugadores siendo mayores se lo reconocen. Incluso quienes alcanzaron la elite deportiva hoy recuerdan lo que Pororó les enseñaba que iba más allá del deporte: valores como el respeto, la solidaridad y la formación de la persona. Como compañero de equipo, siempre fue respetuoso, colaborador y acercando su estado positivo. 
Ha sido un personaje imprescindible para el desarrollo del rugby infantil y juvenil. En los viajes acompañando categorías, siempre ayuda, les marcaba correcciones a los chicos ahí y en los partidos. Un compañero de laburo excepcional. Siempre estaré agradecido por todos los momentos compartidos con este compañero incansable”, lo elogia Roberto.
Con Juan Martín Fossa fueron compañeros y hoy son entrañables amigos. Fossa relata una anécdota increíble aunque real: “El Viejo Pororó tenía un taller con todos sus cachivaches: las motos JS, una Royal y tenía un Ford A. Estaba lleno de cosas de remete, algunas divinas, otras impresentables. Bien a lo Enrique El Antiguo como es él. El taller estaba ubicado donde es la salida de emergencia del boliche Red por León Guruciaga. Creo que eso antes era una panadería. Un domingo antes de un clásico con Belgrano fuimos con el Gato Federico Quiroga a lo del Rengo para hacer la previa. Hicimos tallarines. En un momento, no sé qué pasó. Poro le había puesto poca agua. Entonces agarró una pava y le echó enseguida. Pero era café sin colar. Así que terminamos comiendo fideos con café. Fuimos al partido, el Gato metió un try, yo otro, después entró el Viejo y ganamos el partido. Al Camping caímos en el Ford A todo descuajeringado, haciendo ruido con el escape libre. Un gran recuerdo que nos trajo suerte”. Una de las fotos retrata ese momento.
Ignacio Seganfreddo, actual miembro del plantel superior, expresa que “Poro es un maestro, un grande. Todos los que jugamos en Regatas lo tuvimos alguna vez como entrenador. Es un loco lindo, un pibe más de nosotros. Siempre tuvo buen trato con los chicos. Estuvo en Infantiles y Juveniles. Un capo, muy buen formador. Está todo el día en el club, a los más chicos les hace tortas fritas. Además, juega bárbaro al tenis. Hace un par de años fue a un torneo de veteranos con las raquetas viejas, las largas, la vincha y los shorts cortitos que se usaban antes. Cuando lo vieron los viejos, se le reían. Todos andaban con Babolat y con nueva indumentaria. La cuestión es que Poro los bailó a todos dentro de la cancha”, narra Nachito.
“Pororó es lo más grande que existe”, concluye Martín Bogado.
Con Daniel Luciano también lo une un fuerte vínculo que se forjó dentro y fuera de las canchas. “Un tipazo Germán. Muy transparente, alegre y sano. A mí me enseñó muchas cosas, como los valores y el gusto de jugar al rugby, entre otras cuestiones. Sabe manejar muy bien los grupos. Es muy amigo. A mí, que soy demasiado tímido, me ayudó a desenvolverme, socializar y a trabajar en equipo. Cuento una anécdota: cuando volví a jugar, después de dejar mucho tiempo por los estudios, Poro me avisó en un partido que tenía algo para darme. Cuando terminó el juego, me separó y me dio una camiseta de rugby, que ya la había dado por perdida. Estaba toda rota y más para trapo de piso que para jugar. Poro la lavó y la guardó todo ese tiempo. Es un groso. Por eso no hay nadie que no lo quiera y aprecie. Es un emblema del club y además de ser una buena persona, es un excelente deportista”, suscribe el Tanque.
Otro que compartió mucho y lo hace actualmente es Mauro Maiztegui: “Es una persona muy querida, no sólo en el ambiente del rugby, sino en el club en general. Siempre está en la Isla, compartiendo con los chicos no sólo el rugby, sino la vida misma desde su humildad. Y los chicos se lo devuelven con afecto”, explica sobre Poro.
A Fausto Pettinari le tocó ser dirigido por Eseverri en este 2019 con la M16 de la Fusión, aunque lo conoce de antes: “Lo tuve como entrenador en Infantiles y ya desde ahí hicimos muy buena relación, no sólo entre nosotros dos sino también con todo el equipo. Se generaba un muy lindo ambiente en el que todos estábamos muy conformes con él. Nos hacía divertir en los entrenamientos y también era bueno para dar órdenes en la cancha. La confianza que había era bastante buena. También él es muy colaborador en el club y todos lo conocen por eso. Para algún trabajo, en los entrenamientos, él siempre está. Por eso también es tan querido en Regatas. Algo muy bueno de él es que en los entrenamientos siempre tiene mucha energía. Muchas veces se pone a entrenar a la par de nosotros o a hacer pases, cosas así. Siempre está con ganas de hacer algo y nos contagia esa energía. Eso le hace muy bien al equipo. Imagino que el 2020 será un muy lindo año y me gustó la noticia de volver a tenerlo como entrenador. Ojalá sigamos aprendiendo de él, así continuamos creciendo y podemos lograr mejores resultados aún que en este año”.
Germán Eseverri cosechó su siembra. Tanto dar y brindar tuvo devolución. Todas las palabras, las frases, las opiniones de quienes crecieron y crecen a su lado, reflejan su alma.
“Cuando la operaron a mi vieja, los chicos iban a visitarla y cuidarla. O practicaban solos si yo no podía ir. Eso es educación y respeto, algo muy difícil de conseguir hoy”, agradece aún conmovido Eseverri.
Esta es la historia de vida del hombre a quien sus actos lo definen.

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